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Basilio Theocharidis es griego. Tiene 70 años y llegó a la Argentina a los 18. Vive en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires. Según sus propias palabras, "Argentina es lo mejor que me podía haber pasado como inmigrante. Me integré perfectamente, pude prosperar económicamente, pude estudiar y recibirme de profesor y además trabajar de eso. Los argentinos que ahora se van lo hacen con la ilusión de que en los lugares adonde vayan van a ser recibidos como nosotros lo fuimos acá, y no estoy tan seguro de que ello ocurra".
La primera impresión de Basilio al llegar a Argentina en 1949, fue la abundancia de la comida. En su Grecia natal, la manteca era un lujo, un huevo costaba igual que una docena aquí en Argentina. La transformación de ese bienestar, de ese país próspero, en la Argentina actual le duele profundamente. Y cree que como ciudadano argentino, también es un poco responsable. Citamos una de sus frases que nos pareció trágica y cierta: "En la Argentina, el mal desplazó al bien, por lo tanto el mal es el bien. Y esto es lo que el pueblo debe revertir".
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Basilio cree que revertir esta tendencia de deterioro depende fundamentalmente de la educación cívica; es decir que a su parecer, "un pueblo culto e inteligente como el argentino no debe dejarse llevar por dirigentes no confiables y no se merece esta realidad. Debemos aprender a decidir qué queremos y a elegir a quién queremos que lo lleve a cabo." Más allá de la profunda crisis económica, Basilio cree que el capital humano de nuestro país es capaz de sacar a Argentina adelante.
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Mabel y Daniel tienen una panadería. Son de Beccar, Provincia de Buenos Aires y llevan casi 30 años de casados. Su Argentina ideal existió en algún tiempo cuando ellos eran jóvenes.
Daniel es matricero de profesión y recuerda que el lugar de trabajo dependía de uno mismo: "Yo trabajé muchos años como matricero en la Standard. Pero si quería ganar mejor me iba y decía voy a trabajar a la Philips y trabajaba. Después me voy a la Ford y conseguías trabajo también. El trabajo sobraba. Las fábricas producían. Ese es el país que quiero porque ese es el país que disfruté, que me permitía irme de vacaciones, tener comodidad, sacar un crédito hipotecario y pagarlo con comodidad, y darle una buena educación a mis hijos.
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Daniel y Mabel quisieran que existiera trabajo para que sus hijos con estudios pudieran no tener que recurrir a un Plan Trabajar o al comercio para poder subsistir. Pero, de todas maneras, sostienen que no hay que irse, que todo aquello que uno esté dispuesto a hacer en otro país para poder vivir, antes debe hacerlo aquí, en Argentina.
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Héctor Castiñeira es porteño. A los 64 años maneja su propia fábrica de pastas en el barrio de Saavedra y es una apasionado de la Argentina. Recién llegado de un largo viaje por España, país que suele recorrer en cada una de sus visita a sus parientes ibéricos, nos relataba: "Aquí en Argentina, pese a todo aún es muy agradable vivir. Y relativamente no estamos tan mal como creemos. En España o en Italia las cosas no son tan fáciles como la gente cree".
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Respecto de la Argentina en la que le gustaría vivir, Héctor nos decía: "Los argentinos deberíamos ser más pensantes y más respetuosos. Yo viví épocas donde vivir en Argentina era fácil, el trabajo rendía sus frutos. Yo quiero un país donde sea posible, no fácilmente sino con esfuerzo, poder forjar un futuro... pero para eso debemos ser creíbles, confiables, tanto dentro como fuera del país."
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Jorge Michel es una institución para mucha gente. A sus 68 años vive en el barrio de Colegiales y reparte su tiempo entre sus clases (es profesor de historia) sus encuentros con amigos en un bar de la zona, su música.
Vendedor en la empresa Terrabusi durante más de tres décadas, es actualmente profesor de historia, su gran pasión junto con el fútbol y el jazz. Comenzó la carrera académica a los 43 años después de 6 años de estudio y actualmente es su principal fuente de ingresos junto con la jubilación que cobra producto de sus años en Terrabusi.
Michel es un enamorado de su país, de sus expresiones culturales; en especial del Tango y de las reuniones con amigos. Cree que Argentina tiene muchas cosas para destacar, pero lo esencial es volver a un país que privilegie el trabajo por sobre la especulación, que tenga un perfil industrialista y que distribuya equitativamente su riqueza.
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Para ello Michel cree que hay que educar a la sociedad no sólo para su ingreso en el mundo del trabajo sino fundamentalmente para discernir la calidad de la mediocridad. "Argentina debe ser un país donde se valore la cultura y se eduque a la ciudadanía para elevar sus gustos. Un país donde se premie el mérito y fundamentalmente donde quienes quieran trabajar puedan hacerlo. Todo ello requiere tiempo, paciencia y políticas"
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Valeria Schmol es bioquímica, tiene 31 años y vive en la Ciudad de Buenos Aires.
Está casada con Marcelo, contador público. Son un matrimonio de profesionales de clase media a quienes la crisis actual afecta tanto económica como anímicamente.
Valera desearía vivir en una Argentina donde impere el respeto a la vida y la libertad de las personas. Un país donde el trabajo de toda una vida pueda rendir sus frutos para que la tercera edad sea una etapa en la cual sea posible disfrutar de lo conseguido. Un país que permita que los padres brinden a sus hijos una buena educación y les permite proyectar un futuro. Como ella misma lo definió "un país que se permita el desarrollo de sus individuos".
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Valeria, pese a todo, confía en que es posible; "Hay mucha gente honesta, trabajadora, que quiere apostar a crecer en su lugar. Sé que es muy difícil pero yo creo que valorar esas actitudes es el comienzo del nuevo camino..."
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Adriana Irene Soria trabaja en una librería en la Ciudad de Buenos Aires. A pesar la caída de las ventas y de los malabarismos económicos que debe hacer para pagar a proveedores y vivir hasta fin de mes, no pierde la sonrisa ni la esperanza. Su optimismo parece a prueba de todo, pero según ella tiene motivos (tantos o más como para deprimirse) según nos cuenta.
Madre de una nena cree que "la globalización ha provocado que todo el mundo sufra los mismos problemas. El hambre, la marginalidad, la guerra son situaciones que se dan en todo el globo y uno de la Tierra no se puede escapar."
Frente a aquellas personas que buscan refugio para sus esperanzas y sus proyectos en otros países, Adriana cree que Argentina aún es un país pacífico, con capacidad para convertirse en un lugar admirado por su tranquilidad, por su medio ambiente, por la calidad de su aire, por la diversidad de su geografía.
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"Argentina es un país maravilloso, de lo más puro del planeta. Antes que pensar en irme al exterior me iría al sur, a la Patagonia, a intentar progresar allí, que es un lugar que no existe en otras partes y además es mi lugar."
"Pero para ello, la gente tiene que tener la posibilidad de trabajar y salir adelante. Por eso, los argentinos deberíamos tener una clase gobernante preocupada por los problemas de sus ciudadanos y debe tener una conciencia nacional, defender lo propio. Una dirigencia capaz de cumplir con su rol; para eso estudian afuera, se preparan..."
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José Manuel Pulleiro es jubilado, pero despunta el vicio de estilista en su propia peluquería para evitar apremios económicos. A los 73 años tiene la misma impresión que cuando era joven: "La gente de este país, por lo general, es buena gente, no pide demasiado. Pide trabajo, un sueldo digno, la posibilidad de descansar una vez al año en las vacaciones, poder prever qué hacer con el fruto de su esfuerzo."
Y continúa: "Los argentinos tenemos un país hermoso, sólo tenemos que ordenarlo y cuidarlo. Así como cuando vamos al exterior y nos sorprendemos y sentimos a gusto con el orden, la limpieza, el respeto a las normas, eso mismo deberíamos practicarlo en nuestro lugar".
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Con fuerzas pese a la difícil situación, José confía en la fortaleza de los argentinos para salir de este mal momento y señala la necesidad de ejemplos públicos en donde mirarse.
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Liliana Correa es la responsable de hacer los helados más ricos de la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires. A sus 52 años, tuvo la posibilidad de conocer todo el país, y siente un amor profundo por el interior y por su gente.
Para Liliana, "Argentina debe volver a las fuentes, volver a valorar las relaciones humanas por sobre el lucro. Volver a dar valor a la madre tierra y a sus frutos. Y por eso hay que rescatar la belleza geográfica y la calidad humana del interior del país. Su ilimitada capacidad de dar, de brindarse hacia el otro. Porque está claro que cuando uno da desinteresadamente, es mucho más lo que recibe."
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Liliana está absolutamente convencida de que Argentina va a mejorar porque según su opinión, después del 11 de septiembre (día del atentado a las Torres Gemelas en New York) se ha producido y se va a profundizar un cambio en las conductas de la gente. Para Liliana esta crisis por la que atraviesa el país es la gran oportunidad para modificar esos valores, y ella cree que serán esos valores los que se van a destacar.
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Juan Galiano es empresario. Trabaja como forwarder de comercio exterior y tiene una gran experiencia empresaria desarrollada fundamentalmente en Noel. Juan fue uno de los que dejó todo en su intento por reflotar a dicha empresa de la crítica situación.
Nacido en Barracas hace 50 años, aún vive en el barrio. Apasionado del tango y de los códigos no escritos, que desde su óptica debemos reflotar si queremos progresar como sociedad. "Códigos de civilidad que antes existían y su pérdida ha sido, decididamente, una de las causas principales de la situación actual."
"La Argentina en la que me gustaría vivir es un país que no tenga el lamentable privilegio de ser récord mundial de accidentes de tránsito. Una Argentina donde la gente defienda su derecho a manifestarse pero que tenga respeto por el disenso, sin ánimos descalificadores para quien no piensa igual a uno. Donde se respeten valores elementales como los espacios públicos, los lugares comunes, todo aquello que tiene un uso social. Y esto implica necesariamente una comunidad humana más solidaria que la actual pues requiere que cada uno ponga un poco de su valor y de su capacidad creadora en beneficio del conjunto."
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"Hoy en día, todo lo que no nos gusta lo sacamos a la calle. Pero la calle es el espacio común. Es lo que debemos preservar. Este tipo de actitudes son las que debemos cambiar si queremos vivir en sociedad y civilizadamente. Y además, cuando existen, la gente repara y valora las actitudes de preservación."
Ante el requerimiento acerca de si era viable un cambio cultural en este sentido, Juan nos decía "El problema es que estamos llenos de ejemplos que nos muestran lo contrario y entonces, a aquellos que se comportan de manera antisocial terminamos justificándolos con el argumento de que es consecuencia de los vicios de la clase dirigente..., pero debemos asumir nuestra responsabilidad cotidiana y no cometer nosotros, los ciudadanos, los mismos errores." |
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Ursula Sfair tiene 27 años. Trabaja junto a su novio en un drugstore, su emprendimiento compartido. "A mi me gustaría vivir en un país donde sea posible trabajar de aquello para lo que uno se preparó, estudió. Soy diseñadora gráfica y la verdad es que me reditúa más trabajar en el negocio con mi novio. Esto es full-time y requiere mucho esfuerzo, pero me permite vivir mejor"
Ursula cree que los valores que tenemos que rescatar para vivir en el país que queremos son la solidaridad, el respeto y la capacidad de brindarse por el otro. "Pero esto en las grandes ciudades es muy difícil. La falta de seguridad, la desconfianza todo hace que nuestra realidad sea mucho menos atractiva. Yo creo que debemos observar cómo se comportan en el interior de nuestro país, con una apertura y un desprendimiento total. Creo que son nuestro mejor ejemplo si queremos mejorar como personas y como sociedad en general."
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