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La iniciativa agroindustrial comenzó hace nada más que 19 años, en noviembre de 1983, por iniciativa de la mujer de Juan Carlos Armando, Elisa.
A mediados de 1983, luego de una reunión con sus hijos, se decidieron a llevar adelante una pequeña fábrica de quesos. Pidió un crédito en el Banco Nación, y uno de sus hijos, Gustavo, recién recibido de maestro mayor de obras se hizo cargo de la construcción. Una habitación, una tina y una calderita a la que no alcanzaron a hacerle el techo.
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Y finalmente, una tarde lluviosa de noviembre de 1983, y la Cabaña largó con su propia leche, alrededor de unos 800 litros. Ese día Elisa llamó al sacerdote que había celebrado su matrimonio, un polaco que había escapado de los nazis, para bendecir su emprendimiento. Sus hijos se rieron de la idea pero en su opinión fue muy válida para fortalecer espiritualmente la iniciativa.
En ese momento, la Cabaña estaba compuesta por Elisa, dos de sus hijos, la familia de tamberos que se encargaba del ordeñe y un peón rural. En total: siete personas.
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Hoy después de 18 años, la Cabaña tiene casi setenta empleados directos, a los cuales hay que sumar los entregadores, los tamberos y toda la estructura de comercialización. Para Elisa, esta es una señal de la importancia de las pymes para el crecimiento del país".
La base de todo emprendimiento es el empeño, una profunda pasión por lo que uno hace y sobre todo la responsabilidad. Quienes manejamos una empresa, quienes están a cargo de un gobierno, deben saber que de su gestión depende la vida de mucha gente. En nuestras últimas épocas como productores de leche, nos daba mayor ganancia poner el dinero a interés que volcarlo a la producción. Eran momentos muy duros y quienes decidimos seguir produciendo sufrimos mucho. Era la época de los viajes a Miami y del déme dos. Pero yo no creía en eso. Por eso, La Cabaña fue una manera de crear un futuro próspero para mis hijos y para mucha gente que hoy vive de este emprendimiento.
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La Cabaña es una empresa que se encarga:
- de la cría (trabajando permanentemente en el mejoramiento de la raza a través de investigación genética aplicada),
- de la extracción de leche (materias primas) a través de un tambo propio con un promedio de 24 litros por animal por día,
- de la producción de todo tipo de quesos (agregado de valor industrial)
- y de la comercialización (fundamentalmente en Santa Fe, Rosario, Salta y Asunción de Paraguay) dirigida a establecimiento pequeños y medianos.
A partir de una estrategia enfocada a maximizar la calidad de los productos y a una producción que no exceda la demanda de los clientes, en el año 2000, La Cabaña tuvo el raro privilegio entre las pymes agroindustriales de cerrar su balance sin incobrables.
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Quien se encarga del gerenciamiento de la firma para lograr estos niveles de eficiencia es Juan Carlos Armando. Ante el requerimiento acerca de cuáles son las claves para lograr este rendimiento, Juan Carlos nos contaba:
Nuestro bajo costo de estructura nos permite comprar la producción de leche de muchos tamberos ya que tenemos la posibilidad de ofrecer precios superiores a los del mercado. A su vez, nosotros les brindamos un asesoramiento por parte de dos ingenieros agrónomos de la firma que visitan los tambos y asisten a los productores haciendo mucho hincapié en el tema calidad. Esto incluye un servicio de venta de semillas mediante convenios con proveedores de estos productos que les permiten adquirirlos a precios más favorables.
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La clave es que somos un equipo de trabajo (compuesto por las distintas áreas de la empresa) que funciona muy amalgamado. No hay estrellas en el equipo. Todos participan de las reuniones generales que se hacen los viernes, dan sus ideas dejan sus propuestas y entre todos se tomas las decisiones tácticas que nos van a permitir alcanzar la misión.
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Sobre el final de la charla, Elisa Armando nos comentaba: nosotros somos las hormiguitas trabajadoras. La gente que tiene vocación de gobierno tiene la obligación de crear las condiciones para que las empresas puedan prosperar. Nosotros hacemos un queso, ellos deben asumir la responsabilidad y no salir de jolgorio. Al igual que nosotros en la quesería tenemos un asesor, o los agrónomos que nos ayudan en el campo, los políticos deben rodearse de gente idónea. Yo pienso que nos van a empujar; quizás es una expresión de deseos pero tengo confianza |
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Esta pequeña idea, que en dieciocho años multiplicó por diez su número de empleados, demuestra que es posible. Y nosotros nacimos acá, producimos acá y vivimos acá. Por eso todos los argentinos podemos hacer algo, y quienes nos gobiernan
de cajón.
En la vida hay una dosis de suerte que acompaña los acontecimientos y nosotros la tuvimos, pero sin esfuerzo nada de hubiera sido posible |
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Agradecemos una vez más a La Cabaña y a Dinámica Rural la posibilidad de mostrar otra de las experiencias que demuestran que, con vocación y pasión por lo que hacemos, es posible prosperar en la Argentina.
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