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Roberto es un argentino, profesional, treinta y tantos años. Como tantos otros que no encuentran pese a su formación, a su talento y a su trabajo su lugar en el mundo, decidió cambiar de hábitat y se transformó en un Guía del Parque Nacional a orillas del Lago Lacar en la provincia de Neuquén. Convencido de que "uno es del lugar donde elige vivir y no necesariamente de donde nace", Roberto se instaló aquí hace unos quince años y ya lleva 12 como Guía del Parque Nacional.

Para un hombre gustoso de incorporar constantemente las enseñanzas ofrecidas por su entorno natural y humano, haber encontrado estos lugares fue una verdadera bendición.
"En la montaña, con su flora y su fauna, uno aprende todo el tiempo; de los profesores de montañismo, de los baquianos, de los jefes de tropilla del ejército, del comportamiento de los animales, del viento…"
Hay que preservar estos territorios para todo ciudadano de esta nación. No importa que sea mapuche, que sea cristiano o lo que sea pueda disponer de ellos. "Cualquiera que haya decidido vivir y dejar su sangre en esta tierra, criar a sus hijos en esta tierra, tiene derecho. Es hijo de la tierra y la madre nunca hace distinción."

En su experiencia patagónica, Roberto logró reconocer lo que para él es una de las pocas leyes que contemplan el verdadero beneficio de considerarse hombre. "Tomar contacto con todos las especies vegetales, animales y minerales de un lugar… sin destruirlo, sin alterar sus ciclos. Convivir, hacer uso de los recursos naturales para la vida; alimentarse a través del cultivo de la tierra, utilizar la madera de los árboles para el calor en el hogar… "Cualquier forma de vida, una más apegada a la naturaleza u otra más cercana a la tecnología es válida mientras no deje tras de sí destrucción, desolación, muerte sin sentido, extinción."
Y todo lo que no se extingue adquiere formas, distintas formas como el frasco que nos muestra en la imagen. Una forma que es mucho más que un frasco y que alegóricamente le sirve a Roberto para explicar su concepción de la sensibilidad humana y la importancia de vivir en comunidad. En el frasco, hay distintas bocas; una por donde ingresa agua, energía, alimento, y otras bocas a los lados, por donde sale para dad de beber, para dar vida.
En este frasco, como en la comunidad, nada se estanca, toda su agua, toda su energía alimentan nuevas sensaciones que se renuevan permanentemente. Y en esta comunidad, habrá miles que ofrecerán su agua, miles que cuenten sus historias y que alimenten con su sensibilidad y su energía a otros tanto miles, renovando a cada paso el contenido del recipiente.
De aquí, va a salir mucho agua, mucha energía para alimentar a otras voces. Y en este dar de beber y recibir está la esencia del frasco.

Igual que la sensibilidad en las manos amorosas de la madre que transmiten el cariño hacia sus hijos en el esfuerzo de amasar el pan y ese cariño, esa sensibilidad es el alimento de sus niños a la hora de comer. Como la Madre Tierra… con Nosotros.
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